Jueces de silla: la orden de mando del tenis

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El juez de silla Carlos Bernardes discute airosamente con Rafa Nadal | El País

Por: Juanjo Carrillo Córdoba (@Juanjo_93CC)

Dentro de las filas militares, el respeto y la disciplina de un recluta es algo que se da por hecho. A pesar de esa buena fe, siempre existe una persona encargada de llevar el mando y de que el pelotón cumpla su deber de la forma encomendada. Algo similar ocurre en el mundo del tenis; el respeto de un jugador a las reglas previamente establecidas es algo que se presupone desde un inicio —y que, casi siempre, se cumple—. Sin embargo, ante la aparición de jugadas polémicas o de lances dudosos sale a la luz la figura del juez de silla —en inglés, umpire—, que se erige como la máxima autoridad dentro de una pista de tenis.

Para llegar al Olimpo de la judicatura tenística, todo opositor debe pasar el difícil tránsito de las famosas chapas —en inglés los denominados badges—: el primer paso es la consecucción de la chapa blanca, el permiso básico para arbitrar partidos de rondas previas y primeras rondas. Luego la chapa bronce para acabar de profesionalizarse. Tras ello, viene la chapa de plata, para la que se necesitan buenas evaluaciones de la ATP y la WTA. Finalmente, está la elitista gold badge o chapa de oro, que sólo la atesoran un reducto de jueces de silla en todo el mundo. Sólo con ella se pueden arbitrar finales de Grand Slam, Copa Davis, Masters, Confederaciones y Juegos Olímpicos. Entre ese pequeño grupo de jueces nos encontramos con Enric MolinaPascal Maria Carlos Bernardes, considerados los tres mejores guardianes de las alturas.

El español Enric Molina intenta apaciguar un momento de tensión en un encuentro | JotDown

El español Enric Molina intenta apaciguar un momento de tensión en un encuentro | JotDown

El pasado 30 de abril el mundo del tenis sufría una importante baja. Y es que el juez de silla español, Enric Molinadecía adiós tras casi 25 años ligado al mundo del arbitraje. Lo que empezó como una experiencia piloto como juez de línea en el Trofeo Conde de Godó en 1989 le acabó convirtiendo en uno de los jueces de silla más respetados del circuito. Desde 2001, era uno de los siete jueces con la chapa de oro de la ITF, lo que le otorgaba el derecho de dirigir las finales de los cuatro Grand Slam y de la Copa Davis. Un total de ocho, entre ambas competiciones, figuran en el currículum del barcelonés, entre ellas los duelos de Andre Agassi y Roger Federer, en la final del US Open 2005, el Federer contra Andy Murray, del Open de Australia de 2010, el duelo repetido entre el suizo y el británico en Wimbledon 2012, y la final de Maria Sharapova y Ana Ivanovic, de Australia en 2008.

Con la chapa de oro en su poder, Molina es uno de esos hombres que se toman en serio la profesión que desempeña y le pone toda la pasión posible. Así, se ha metido en el bolsillo el respeto del mundo del tenis y, para más gloria, fue nombrado hace algunos meses como Árbitro Jefe de la Federación Internacional de Tenis, el súmmun del arbitraje tenístico. En su historial, exitoso y sin apenas fallos, un partido curioso: el famoso Clement-Santoro de Roland Garros 2004, durante años el encuentro más largo de la era Open (6 horas y 33 minutos; 6-4, 6-3, 6-7, 3-6, 16-14).

El juez de silla Pascal Maria comenta una jugada con un tenista en el US Open | Zimbio

El juez de silla Pascal Maria comenta una jugada con un tenista en el US Open | Zimbio

Si por algo destaca el francés Pascal Maria es por su tranquilidad. El juez de silla galo conduce los partidos de forma monacal. Nada parece perturbar al tranquilo y calvo juez de silla francés, el más conocido árbitro tenístico de su país. Fuera de la pista es tan simpático como los demás, pero dentro de ella su expresividad brilla por su ausencia. Se sienta ahí arriba como un si de un funcionario rellenando tranquilos formularios se tratase. Muchos le recordarán por presidir desde su silla las espectaculares 4 horas y 48 minutos de la final de Wimbledon 2008, aquella en la que Nadal y Federer casi agotaron toda la luz de la Londres veraniega. El propio juez de silla afirmaba que aquella tarde sentías que allí estaba pasando algo realmente grande”. El templado árbitro francés pareció el hombre ideal para dirigir una final tan histérica y emocional, una maratón que agotó y extasió a los propios espectadores que la veían.

Pero pese a su reputación de árbitro frío, Pascal Maria pone a la pasión como un fundamento laboral importante: “Si no disfrutas, no puedas hacer un buen trabajo”. Adicionalmente, Maria se reconoce tímido y dice no estar demasiado cómodo con la fama y el protagonismo. “Los jugadores hacen el juego. Los árbitros tenemos que estar en la sombra”. Y aunque es un árbitro gold badge y ha arbitrado gran cantidad de finales importantes, algunos mentideros lo tachan de algo errático en sus decisiones, poco fiable en situaciones tensas, e incluso favorecido por su nacionalidad francesa —país supuestamente mejor relacionado con la ITF—. Sin embargo, el carácter tranquilo de Maria no lo ha librado de escenas tensas con jugadores descontentos e incluso enfurecidos. Al tremendo cabreo de Safin o la mirada asesina de Djokovic se une, sobre todo, aquel famoso “Don’t push me” que le dedicó Juan Mónaco a Pascal cuando éste intentaba separarle de un encontronazo con un rival en un partido de dobles.

El brasileño Carlos Bernardes comenta un lance durante la disputa del US Open | Zimbio

El brasileño Carlos Bernardes comenta un lance durante la disputa del US Open | Zimbio

Carlos Bernardes también es un tipo simpático. Brasileño, moreno de piel y surcado por una sonrisa blanca que le ilumina toda la cara cuando enseña los dientes. Bernardes parece un tranquilo y feliz emperador. Afable, pero conocido en España por un par de enganchones sonados con Rafa Nadal, Bernardes acredita un largo historial de 20 años en la silla del tenis. Preguntado por su profesión, se lanza a la conocida y procelosa comparación con el fútbol, afirmando que el fútbol es, de lejos, mucho más difícil de arbitrar que el tenis. No tenemos encima a 22 jugadores, a los entrenadores, a los 50.000 espectadores del estadio… es muy diferente”Del mismo modo, Bernardes no tiene reparo en abrazar la bondad tecnológica del famoso Ojo de Halcón en un deporte, el tenis, poco tecnofóbico: “fue una cosa buena para el tenis, ayudó bastante. Al principio era más exclusivo, estaba reservado para los tenistas que jugaban en la pista central o jugadores con mejor ranking, pero cada vez está más extendida, es mucho mejor y se utiliza en casi todas las pistas. Ayuda mucho porque demuestra que 7 de cada 10 consultas corrigen algún error del juez de línea.

Si Molina es la juventud y la virtud, Bernardes es la solidez, la regularidad. Aunque al juez de silla brasileño también se le conoce alguna anécdota curiosa que pone a prueba su gran fiabilidad. En la final de la Copa Masters de 2002, Lleyton Hewitt y Juan Carlos Ferrero llevaban jugando cuatro horas y disputaban el quinto set del partido. En un momento dado, Carlos Bernardes paró el partido y preguntó a los jugadores si alguno de ellos necesitaba ir al baño. Le pregunta no era casual: ellos dijeron que no, pero él abandonó la pista aduciendo que sí tenía que ir urgentemente. Cuando volvió, la grada lo ovacionó con furor y Bernardes no podía parar de sonreírse.
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