Roland Garros, batalla de aviadores

Pista central Philippe Chatier de Roland Garros (París) | lainformación.com

Pista central Philippe Chatier de Roland Garros (París) | lainformación.com

Por: Juanjo Carrillo Córdoba (@Juanjo_93CC)

Corría el mes de octubre de 1888 cuando un pequeño bebé de tez blanquecina llamado Roland Garros llegaba al mundo. Concretamente al departamento de ultramar francés de Reunión, a orillas del Índico. El pequeño Roland nació en una etapa dorada para el progreso, especialmente en el mundo de la automoción. No en vano, el año de su nacimiento fue clave en este aspecto, puesto que el español Isaac Peral inventó el submarino y el escocés John Boyd Dunlop el neumático —apellido que da nombre a una de las marcas más potentes de neumáticos a día de hoy—. Sin embargo, los sueños de Garros no se encontraban a ras de suelo, ni tan siquiera en el mar. Roland soñaba con surcar los cielos, como aquellas gaviotas que cruzaban desde Reunión a Madagascar: Roland quería volar.

Tres años después (en 1891), 9422 kilómetros al noroeste, en la bella ciudad de París, la Union des Sociétés Françaises de Sports Athlétiques (USFSA) inauguraba el Abierto de Francia de Tenis, con la esperanza de convertirlo en uno de los torneos más prestigiosos dentro del país galo. En sus inicios el torneo podía ser jugado únicamente por tenistas que perteneciesen al club polideportivo francés del Racing Club de France, siendo el escenario del torneo las instalaciones del mismo. Bautizado como el Campeonato de Francia, tuvo como primer campeón —para sorpresa y pese a ser un torneo doméstico francés— al británico H. Briggs en la modalidad individual, quien pudo participar por su condición de integrante del club para derrotar a su compañero el francés P. Baigneres y a los locales B. Desjoyau y T. Legrand en la modalidad de dobles. Sin embargo, en el año 1914, el ser humano se olvidó de la fraternidad que permite el deporte, pecó de inhumano e inició uno de los periodos más cruentos y fatídicos de nuestra historia: la Primera Guerra Mundial.

 Fragmento conservado de una imagen original de Roland Garros subido a una aeronave | No lo sé... o sí

Fragmento conservado de una imagen original de Roland Garros subido a una aeronave | No lo sé… o sí

Entre tanto, el joven Roland Garros se hizo adulto y consiguió su anhelado objetivo: ser aviador. Un año antes del conflicto bélico había logrado una proeza aérea: efectuar la primera travesía a través del Mediterráneo en 5 horas y 53 minutos a bordo de su Morane-Saulnier, a pesar de que el motor sufrió una avería en Córcega. Si a esto le sumamos que a la aeronave apenas le quedaban 5 litros de gasolina cuando aterrizó en Bizerta, estamos ante un auténtico hito. El comienzo de la Primera Guerra Mundial lo llevó al mundo militar alistándose en la aviación francesa. Y, siendo francos, no le fue del todo mal. Consiguió batir a cuatro enemigos, que en la época en la que batalló era un gran número de bajas en el aire. Tras crear un pionero sistema de disparo de las ametralladoras a través de la hélice del avión, fue derribado por el ejército alemán en 1918, apenas un mes antes del fin del conflicto bélico.

Tenista amateur y considerado desde entonces un héroe para el pueblo francés, se rebautizó en la edición de 1925 al Abierto de Francia con el nombre de Torneo Internacional de Francia de Roland Garros —Les internationaux de France de Roland-Garros, en francés— además de proceder al cambio de reglamento, que entre otras novedades, permitía la participación de cualquier jugador extranjero.

Durante la década de los años veinte y treinta, el profesionalismo se fue apoderando de los grandes jugadores, un hándicap que muchos de ellos trataron de encubrir para poder acudir así al cada vez más prestigioso torneo francés, mientras que otros tuvieron que renunciar a participar. El ejemplo más claro fue el de la tenista Suzanne Lenglen, quien no volvió a disputar ningun partido en la arena francesa tras su último título en 1926 y que finalmente dio paso, poco después, a su retirada. Fue entonces cuando el torneo vivió sus peores años, su etapa más oscura con infinidad de problemas, a los que se sumó el parón obligado por culpa de la Segunda Guerra Mundial.

El mítico tenista sueco Bjorn Borg, devolviendo una bola en la arena de Roland Garros en 1979 | Roland Garros

El mítico tenista sueco Bjorn Borg, devolviendo una bola en la arena de Roland Garros en 1979 | Roland Garros

A mediados de la década de los 40, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, comenzó el aplastante dominio americano, primero en tenis femenino, con ganadoras como Margaret Osborne y Patricia Todd, y luego en el masculino, con Franck Parker y Budge Patty. Hubo que esperar nada más ni nada menos que una década para ver un cambio en la torre de mando. Tomaron el testigo de los americanos los jugadores australianos, aportando nombres tan importantes en la historia del tenis como Ken Rosewall. A estos les siguió el tenis patrio de la mano de Manolo Santana, que se hizo con el título en las ediciones de 1961 y 1964.

Las décadas de los setenta y los ochenta dieron paso a un tenis espectáculo, vibrante en cada uno de los saques o en cada devolución. El auténtico protagonista de la época fue Björn Borg, el sueco de hielo, intratable desde mediados de los 70 con seis títulos en Roland Garros, casi de forma consecutiva, antes de su inesperado abandono a la pronta edad de 26 años. Por su parte, el circuito femenino fue dominado por la estadounidense Chris Evert, con cuatro entorchados. En la década de los ochenta, las palabras dominio y victoria iban ligadas a Mats Wilander y sobre todo a Ivan Lendl, salpicados con algunas victorias como la del francés Yanik Noah. En el circuito femenino Martina Navratilova se hizo la dueña y señora de la tierra batida parisina, pero muy pronto apareceria una muy digna sucesora, que sería la alemana Steffi Graf, y que consiguió su primer Roland en el año 1987. También ganó la edición del año siguiente, pero en 1989 Arantxa Sánchez Vicario puso freno a su racha triunfal en una final memorable.

Rafa Nadal, mordiendo la ensaladera que le acredita como ganador de Roland Garros 2013 | EUSA

Rafa Nadal, mordiendo la ensaladera que le acredita como ganador de Roland Garros 2013 | EUSA

El español Sergi Bruguera, campeón en 1993 y 1994, tomó el relevo del estadounidense Jim Courier, ganador en las ediciones del 1991 y 1992. Más tarde, tras los triunfos de Muster y Kafelnikov, llegó el primero de los tres títulos de Guga Kuerten (1997, 2000 y 2001), auténtico ídolo en París. Sin embargo, el español Carlos Moyà (1998) y el estadounidense André Agassi (1999) inscribieron su nombre entre los ganadores del Abierto de Francia.

Después llegaron dos nuevas victorias consecutivas españolas: las de Albert Costa (2002) y Juan Carlos Ferrero (2003), el nuevo dominador del circuito sobre tierra batida. Tras una pequeña interrupción el 2004 coronó a Gastón Gaudio y Anastasia Myskina, —representantes de dos de los países con mayor proyección tenistica en los últimos tiempos— el 2005 volvió a vivir un triunfo español. El joven debutante Rafa Nadal, se impuso con una autoridad aplastante. El reinado de Nadal continuó durante los tres años posteriores, en los que demostró ser el aunténtico dominador del circuito sobre tierra batida. La racha se truncó en 2009, con un Nadal lesionado que cayó de forma prematura con el sueco Robin Soderling. La asusencia del español fue aprovechada por el suizo Roger Federer para alzar, por fin, la Copa de los Mosqueteros, completar el Grand Slam y subirse al trono de mejor tenista de la historia. Sin embargo, si existe un tenista que ha escrito una página dorada en el torneo parisino, ese es Rafa Nadal, quien ha logrado tocar el cielo en ocho ocasiones (2005, 2006, 2007, 2008, 2010, 2011, 2012 y 2013) alzándose al Olimpo de las leyendas del tenis.

“Es un día inolvidable, gracias a todos por hacer de este torneo el mejor del mundo”
. Así se expresaba el tenista Rafa Nadal en 2012 tras proclamarse campeón del torneo parisino por séptima vez. Y es que al manacorí no le faltaba razón. Gracias a su trepidante historia, los caracteres de Roland Garros han sido grabados a fuego en el libro vital del tenis. Saques imborrables de las retinaspuntos épicos y devoluciones míticas lo consolidan como el torneo más importante del mundo —tan solo puede hacerle frente el inglés Wimbledon—. Un torneo, sin duda, de altos vuelos.

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