David Ferrer, la metamorfosis de un campeón

David Ferrer a punto de rematar una bola | HDWpapers

David Ferrer a punto de rematar una bola | HDWpapers

Por: Luis Alonso Agúndez

“¿Por qué rompía yo tantas raquetas? Tú puedes explicar que cuando lo hacía estaba sacando el carácter. Pues no. Romper una raqueta es de ser un maleducado, de no aceptar que el contrario también participa, que tú puedes fallar, que no puedes ganar todos los partidos. Cuando alguien no quiere aceptar eso, tiene complejos de que va a perder, y no quiere aceptarlos, rompe la raqueta. Ahora lo acepto mucho más. Por supuesto que me sigo enfadando cuando pierdo y analizo la derrota, pero antes analizaba las derrotas intentando engañarme a mí mismo. Al final, eso es un complejo de inferioridad. A veces, el jugador busca excusas, otros culpables, antes de mirarse a sí mismo. Eso es complejo de inferioridad” Así de tajante en su reflexión se muestra David Ferrer (Jávea, Alicante, 1982), un fijo en el Top 8 del Ranking ATP al que le ha costado llegar a la madurez personal y profesional.

El Ferrer de sus primeros años como profesional era un tenista muy temperamental; su carácter y mal perder le hacían romper raquetas y desarrollar conductas impropias de un deportista de élite. David era la antítesis de Rafa Nadal; mientras el manacorí mantenía la concentración hasta en los momentos más cruciales, David desconectaba del partido cuando veía que las cosas estaban saliendo de un modo distinto al imaginado. Se trataba de un tenista con unas condiciones asombrosas al que su temperamento le jugaba malas pasadas en más ocasiones de las que uno hubiera deseado.

David Ferrer, concentrado ante la llegada de la bola al final de la pista | Sports HQ

David Ferrer, concentrado ante la llegada de la bola al final de la pista | Sports HQ

Uno de los momentos más desagradables en la carrera de Ferrer se vivió en el US Open de 2008. El alicantino se medía a Nishikori, en un partido de esos en los que nada te sale bien, cuando, en un descanso, David comenzó a exteriorizar su frustración gritando: “¡Mi cabeza está hecha una puta mierda! ¡Imposible que pueda jugar!”. Ante tales quejidos, la árbitro se vio obligada a llamarle la atención mediante un warning una especie de aviso, cuando Ferrer estalló: “¿Por qué warning ahora? ¿Por qué? Estoy hablando. Es normal, tú eres una chica. Las chicas no pueden hacer nada. Nada.” Una conducta maleducada y machista, de la que David se arrepintió enseguida y pidió disculpas por su lamentable actuación.

David se dio cuenta de que la irritación constante no era el camino adecuado, que había que mantener la cabeza fría en momentos de corazón caliente, que debía dominar ese Mister Hyde que amenazaba con salir cada vez que se torcían los acontecimientos, y que, solo así, sería uno de los mejores tenistas del mundo.

El primer paso, hacer autocrítica. Ser plenamente consciente de las limitaciones de uno y no resignarse por ello, sino aceptarlas con total naturalidad. “Antes era diferente porque tenía complejos conmigo mismo. Hasta que no llegué a aceptar cómo era realmente yo, cuál era mi límite personal, hasta dónde podía llegar… igual eso me hacía ser de una forma que no era la real” continúa David. “Ahora tengo más confianza en mí mismo porque me conozco mucho más. No tengo vergüenza en decir lo que pienso o en decir lo que no sé. En la pista sigo siendo expresivo. Siempre he tenido un carácter luchador. Siempre me ha gustado competir”

Competidor nato, para el alicantino no hay más clave del éxito que el trabajo y el esfuerzo. Entrenamientos diarios, una preparación exhaustiva y mucho sudor han hecho de Ferrer lo que es hoy en día, un tenista al que ganarle resulta una labor numantina. David exprime a sus rivales, les obliga a sacar lo mejor de ellos para lograr vencerle; Rafa Nadal dijo de él  que es un tenista que te lleva al límite. Precisamente Rafa fue el rival de David en la única final de Grand Slam que el alicantino ha disputado, la del pasado Roland Garros. Ferrer no tuvo nada que hacer ante un inmenso Nadal que elevaba al cielo de París por octava vez la copa.

David Ferrer celebra un punto con el combinado español | 20minutos

David Ferrer celebra un punto con el combinado español | 20minutos

Quizá esa dolorosa derrota hubiera supuesto para el antiguo Ferrer un periodo de depresión, de enfado con el mundo y de aislamiento en sí mismo, pero no para este David. El alicantino reconoció la aplastante superioridad de Nadal, le felicitó por el triunfo, se congratuló de haber llegado a la final de un Grand Slam y a seguir trabajando. Así es Ferru, un tenista que pese a su corta estatura (1,75) goza de un físico envidiable, tiene potencia, agilidad, velocidad y resistencia. Pero no son sus fibrosos músculos los que hacen de David un campeón, sino su cabeza. Rodeado de los suyos, de libros de autoayuda  y de filosofía, Ferrer es ahora un tenista mucho más maduro, su constante y progresiva mejoría le ha llevado a la cima del tenis mundial tarde, superada ya la treintena. La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce.

La madurez adquirida le hizo colarse entre las tres mejores raquetas del mundo el año pasado, cuando logró su mejor posición en el Ranking de la ATP, situándose en un más que meritorio puesto tres. Además, David cuenta en sus vitrinas con un Masters 1000, el de París de 2012, tres Copas Davis (2008, 2009 y 2011), 7 ATP World Tour 500 y 13 ATP World Tour 250. Es el impresionante palmares de un tenista que se cansó de ser esclavo de su carácter y que, con trabajo, sacrificio y autocrítica ha llegado a lo más alto del tenis.

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