Allen Iverson, una estrella arruinada

Allen Iverson durante su etapa en los Philadelphia 76ers | The Sports Column

Allen Iverson durante su etapa en los Philadelphia 76ers | The Sports Column

Por: Diego Alonso Arecha (@Diego_Alonso23)

El pasado 1 de marzo, los Philadelphia 76ers retiraban la camiseta de Allen Iverson con el dorsal número 3 como homenaje a su gran trayectoria en el equipo. Una trayectoria que le pudo llevar a la gloria deportiva y personal, pero que se vio ensuciada por su carácter rebelde y su difícil personalidad.

Allen Ezail Iverson nació en Hampton (Virginia), el 7 de junio de 1975. Criado en un ambiente poco propicio para cualquier niño de su edad, su pasión por el baloncesto comenzó en las canchas de un pequeño barrio marginal. Pese a su corta estatura, logró sus primeros títulos individuales y colectivos en el instituto, donde compaginaba el baloncesto con el fútbol americano. Al mismo tiempo, dejó de asistir a clase y se fue rodeando de la gente que no debía. Con tan solo 17 años se vio involucrado junto a algunos de sus amigos en una fuerte pelea ocurrida en una bolera, siendo condenado a 5 años de prisión y a 10 de suspensión.

Durante su estancia en el correccional de Newport News, aquel niño con un futuro tan prometedor veía como su sueño de jugar en la NBA se iba desvaneciendo poco a poco. Sin embargo, el técnico de la Universidad de Georgetown, John Thompson, decidió darle una segunda oportunidad tras oír las suplicas de la madre del joven —advirtiéndole de que sería expulsado si su carácter volvía a jugarle una mala pasada—. Allen aceptó la beca para jugar en los Hoyas, y muy pronto demostró todo el talento que atesoraba en su muñeca —promedió 23 puntos por partido y logró el premio al mejor defensor del año—. El talento y los números del base contrarrestaban su incontrolada personalidad.

Allen Iverson, en sus primeros pasos con la Universidad de Georgetown | ESPN

Allen Iverson, en sus primeros pasos con la Universidad de Georgetown | ESPN

Su salto a la NBA se produjo en 1996, antes de graduarse, cuando los Philadelphia 76ers lo seleccionaron en la primera posición del Draft. En su primer año como “rookie” logró unas estadísticas asombrosas: 23,5 puntos, 7,5 asistencias y 2,1 robos por partido. Además se le incluyó en el mejor quinteto de novatos y fue invitado a participar en el concurso de mates —al que finalmente no acudió por lesión—. Su osadía a la hora de jugar contra grandes estrellas también le costó algunas críticas, como las realizadas por algunos periodistas tras su crossover a Michael Jordan, una de sus principales “cartas de presentación”.

Pese a ello, su juego continuó mejorando y, por consiguiente, los resultados de su equipo fueron siendo cada vez más favorables. Su capacidad para solventar las situaciones más adversas le valió para que los aficionados le apodaran “The Answer”. Se convirtió rápidamente en el hombre clave y jugador franquicia del equipo de Philadelphia —además del máximo anotador de la liga—, a los que llevó a disputar los playoffs en la temporada 98-99. Su elección por primera vez en el quinteto ideal de la NBA culminó una temporada para enmarcar.

Pero Iverson no frenó su meteórica progresión. Arrancó la temporada 2000-2001 logrando 10 victorias consecutivas, mejorando sus medias anotadoras (31,1 puntos por partido) y alzándose de nuevo con el título de máximo anotador del año —hecho que repetiría también en 2002 y 2005—. Además, le fue otorgado el título de MVP de la temporada regular, siendo el jugador de menor estatura en lograrlo en toda la historia de la NBA.

Allen Iverson encarando a Michael Jordan en 1997 |  Yahoo! Sports

Allen Iverson encarando a Michael Jordan en 1997 | Yahoo! Sports

Uno de los mejores momentos de su carrera fue el pase a las finales de Conferencia de ese mismo año, tras una dura batalla contra los Toronto Raptors. Pese al gran momento de forma de Iverson, los Sixers terminaron siendo arrasados por unos Lakers que contaban en sus filas con jugadores como Shaquille O´Neal o Kobe Bryant.

Esta derrota supuso un declive tanto para él como para su equipo. Desde entonces no pudo volver a ser aquel fantástico jugador que era antes, aunque le sobraban gotas de calidad para seguir siendo uno de los mejores de la liga —llegó a superar su propia marca personal al anotar 60 puntos en un mismo partido—.

En 2002 protagonizaría una de las ruedas de prensa más surrealistas en la historia de la NBA. Su entrenador, Larry Brown, le criticó por faltar a una serie de entrenamientos y él, molesto por la insistencia de los periodistas, contestó con sarcasmo repitiendo la palabra practice en innumerables ocasiones.

Tras la mediocre participación de la selección de EEUU en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Iverson pasa por una temporada bastante difícil para él, marcada por las constantes lesiones y los pésimos resultados del equipo. La campaña 2005-2006 sería la última que jugase completa en los 76ers, ya que a comienzos del año siguiente fue traspasado a los Denver Nuggets. Allí coincidiría con otro gran jugador, el alero estadounidense Carmelo Anthony, que le relegaría a un segundo plano. Las lesiones le impidieron rendir a un alto nivel en sus siguientes equipos, Detroit Pistons y Memphis Grizzlies, donde tuvo un paso fugaz y casi inexistente.

Allen Iverson luciendo el dorsal 3 de los Sixers |  TheWangConnection

Allen Iverson luciendo el dorsal 3 de los Sixers | TheWangConnection

Sus últimos partidos en la NBA los disputó durante su segunda etapa en Philadelphia, hasta que finalmente decidió —en febrero de 2010— dejar de manera indefinida el baloncesto para dedicarse al cuidado de su hija enferma. Ya no se reincorporaría de nuevo al equipo, y solo un pequeño periplo por Turquía evitó lo que venía pronosticándose desde hacía tiempo, su retirada como jugador profesional.

Los problemas financieros hicieron que intentase volver a la NBA, pero ningún equipo estaba dispuesto a fichar a un jugador que se encontraba en horas bajas y cuyo nivel ya no era suficiente para jugar en la mejor liga del mundo. Tras rechazar algunas ofertas insignificantes para él y viéndose condenado al ostracismo, anunció su retirada definitiva de las canchas el 30 de octubre de 2013, con 38 años de edad y explicando que “había perdido el deseo de jugar”.

La noticia de su retirada llegó meses después de que el propio jugador manifestase que, pese a haber ganado a lo largo su carrera más de 150 millones de dólares, se encontraba completamente arruinado.

Iverson, pensativo durante el transcurso de un partido |  Bleacher Report

Iverson, pensativo durante el transcurso de un partido | Bleacher Report

Su “mala cabeza” no sólo le costó en muchas ocasiones encontronazos con entrenadores y directivos, sino también algunos problemas legales con la justicia. En 1997 fue detenido por conducir a velocidad excesiva, llevar un arma oculta y posesión ilegal de marihuana. En el año 2000 grabó un álbum de rap llamado 40 Bars que finalmente no fue publicado debido a los comentarios despectivos hacia los homosexuales que tenían sus letras. Dos años más tarde, y tras echar a su esposa de la mansión en la que vivían, amenazó con matar a su primo por no dejarle entrar en el apartamento donde se encontraba.

Por otra parte, también tuvo varias disputas en algunos de los casinos que solía frecuentar —se le prohibió la entrada de por vida al Bally´s Park Place tras orinar en una papelera, a la vista de todo el personal—. En 2007 fue multado con 25.000 dólares tras realizar unas duras críticas al árbitro del encuentro que les enfrentaba a los Denver Nuggets, añadiendo que el colegiado tenía algo personal contra él. En 2011 su Lamborghini Murciélago fue inmovilizado debido a una falsificación para no pagar impuestos, a lo que respondió de forma chulesca: “Llévense el coche si quieren, tengo 10 más… ¿es que no saben quién soy?”.

Su escándalo más reciente ha sido la pérdida de su lujosa mansión de Atlanta, valorada en 4,5 millones de dólares, durante el disputado divorcio con su esposa Tawanna.

Iverson, balón en mano y con una media sonrisa dibujada en su rostro, saluda a la grada | Basket Foot Ball

Iverson, balón en mano y con una media sonrisa dibujada en su rostro, saluda a la grada | Basket Foot Ball

Iverson es un claro ejemplo de cómo uno de los grandes talentos que el baloncesto ha dado en los últimos años ha ensuciado, debido a su indisciplina y rebeldía, una valiosa reputación. El 11 veces All Star se cubrió de joyas, de coches deportivos y de mansiones, incluso se vistió de la marca Reebok —con la que firmaría un contrato multimillonario—. Pero todo ese dinero que había ganado, todo ese lujo que se había permitido, fue demasiado efímero. Su desproporcionado despilfarro acabó con uno de los jugadores que más “enamoró” a los aficionados de la NBA en los últimos veinte años.

El baloncesto fue la vía de escape para un jugador diferente, callejero, eléctrico e imprevisible, que salió de los suburbios de un barrio de Hampton para convertirse en leyenda. Es evidente que no podemos vaticinar cual será el futuro de este excéntrico jugador, pero lo que sí está claro es que si alguien puede desafiar todos los pronósticos para lograr salir de la miseria, ese es él, Allen Iverson.

Allen Iverson, homenajeado en Philadelphia por su trayectoria en los 76ers | Point Forward

Allen Iverson, homenajeado en Philadelphia por su trayectoria en los 76ers | Point Forward

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