Curling: la petanca sobre hielo

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Piedras de granito deslizantes, listas para la práctica del curling | RTVE

Por: Mario Escribano Torres (@marioescr)

Hoy soy el encargado de inaugurar la sección Deportes B en El Vestuario. Una sección en la que tendrán espacio todos aquellos deportes que son ajenos, o incluso desconocidos, para el grueso de la sociedad. Para abrir esta sección, nada mejor que hablar de lo que desde España se denomina “la petanca sobre hielo”, aunque debido a su complejidad estratégica, sus seguidores prefieren llamarle “el ajedrez sobre hielo”. Hoy, hablamos de curling.

Pese a lo que muchos pudieran creer, el curling no es un deporte nuevo, ni siquiera reciente. Sus inicios datan de mediados del siglo XVI en Escocia, donde se empezó a jugar un juego muy similar, consistente en deslizar piedras por el hielo. Tras dos siglos de evolución de estas prácticas, el curling tuvo su primer club en Kilsyth (Escocia), que fue bautizado en 1716 con el nombre de Kilsyth Curling Club. Pese a esto, no fue hasta los Juegos Olímpicos de Invierno de 1998 —celebrados en Nagano— cuando se le reconoció como deporte olímpico. Actualmente, Canadá encabeza la lista de países con mayor número de jugadores de curling.

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Hombres jugando al curling en Ontario en 1909 | Wikipedia

En cambio, en España el curling no ha gozado de un número importante de aficionados, pero tampoco de jugadores. No fue hasta 1999 cuando comenzaron a aparecer los primeros clubes en Cataluña. Desde entonces, este deporte se ha ido extendiendo a otros lugares de la península, como País Vasco, León o Madrid. En la actualidad, se estima que ya hay 20 clubes de curling que se reparten unas 100 licencias para poder competir entre ellos.

La principal causa de la escasa extensión de este deporte es la necesidad de un clima que pueda permitir mantener las instalaciones para practicar la petanca sobre hielo. Esto es poco habitual, por lo que se suele recurrir a instalaciones artificiales, con un hielo específico que permita deslizar la piedra con normalidad. El alto coste de estas instalaciones hace que en nuestro país, la mayoría de pistas de curling sean utilizadas también para otros deportes sobre hielo, que si bien quedan preparadas para que se parezcan lo máximo posible a una original, nunca llegan a lograr el mismo resultado.

Otro de los factores determinantes para explicar la baja práctica del curling en muchos países es su elitismo. Los precios de los equipos son bastante altos, especialmente los de las piedras. Un juego de piedras cuesta alrededor de 6.000 euros, a los que habría que sumar el resto de equipación personal, como los distintos cepillos. Además, cabe destacar que la producción de estas piedras está monopolizada entre Irlanda Escocia: del primer país se extrae el granito necesario para fabricar las piezas, y en el segundo se termina el producto.

En definitiva, pese a las dificultades económicas que pueda suponer, este deporte se hace cada vez más atractivo para las españolas y españoles, como así lo demuestra el aumento de licencias en la última década. Según dicen los que lo prueban, todos repiten, por lo que quizá sea hora de comenzar a barrer el hielo.

curling

Aficionados prácticando el curling | Flickr

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