Oscar Pistorius, del Olimpo deportivo al banquillo de los acusados

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Oscar Pistorius, minutos antes de que comience su juicio. | El País


OPINIÓN. 
Existe una fecha señalada en el calendario de los enamorados de todo el mundo, el 14 de febrero. El día de San Valentín se erige como la jornada en la que las parejas se demuestran todo su amor, cariño y se juran fidelidad eterna —y de paso, las grandes superficies comerciales hacen su particular “agosto”—. Una fecha que, a pesar de ilusionar a la práctica mayoría de las parejas, se tornó funesta para la modelo sudafricana Reeva Steenkamp cuando su novio, el atleta olímpico Oscar Pistorius (Sandton, 1986) decidió acabar con la vida de la joven a punta de pistola durante la madrugada del día de los enamorados del 2013.

Si les entusiasma el ámbito jurídico, habrán podido comprobar como la palabra “presuntamente” no figura en el párrafo anterior. Y no figura, esencialmente, porque no existe presunción alguna, puesto que el propio atleta reconoció haber disparado el arma de fuego hasta en 4 ocasionesBlade Runner, como se conoce a Pistorius en el mundo del atletismo, alega en su defensa que creyó haber estado disparando a un intruso, que actuó convencido de que se estaba protegiendo a sí mismo y a la mujer que amaba. Sus testimonios se han empezado a escuchar este lunes ante la magistrada Thokozile Masipa en su juicio por asesinato en la capital sudafricana de Pretoria. Si se le encuentra culpable el castigo será condena perpetua, que en Sudáfrica significa un mínimo de 25 años de cárcel.

Pistorius era un hombre admirado y respetado en el seno del deporte. Nacer con una malformación congénita de los tobillos y los pies —le amputaron ambas piernas por debajo de las rodillas cuando apenas tenía 11 meses— y 24 años después alcanzar unas semifinales de los 400 m. en unos Juegos Olímpicos —convirtiéndose en el primer atleta con doble amputación que logra estar en una cita olímpica— no es para menos.

El sudafricano era un símbolo para su país. Ahora, en lugar de afecto y estima genera animosidad, especialmente entre las mujeres, y no es dificil entender por qué. Sudáfrica es un país con un alto índice de criminalidad, número diez en el ranking mundial de homicidios —hubo una media de 45 por día el año pasado— y campeón mundial indiscutido en cuanto a violencia contra mujeres en países que no están en guerra. Las estadísticas demuestran que cada cuatro minutos se reporta una violación a la policía y cada ocho horas una mujer es asesinada por su pareja —el fenómeno incluso tiene nombre en Sudáfrica, “femicidio íntimo”—.

Si —como él afirma—  no quiso matar a su novia, sí quiso matar a alguien. Era consciente de que un ser humano se encontraba detrás de aquella puerta. Aquella noche, Pistorius no destrozó exclusivamente la vida de la bella modelo, sino que destrozó también su propia vida. La heroica reputación que poseía y el prometedor futuro que se vaticinaba sobre su figura habían quedado relegados por este fatídico hecho. Esa madrugada de San Valentín, las balas oscurecieron de por vida no solo la sonrisa de Reeva, sino tambíen la ilusión de un niño que un día soñó con ser el mejor dentro de una pista de atletismo.
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Oscar Pistorius en la primera ronda de los 400m en los Juegos Olímpicos de Londes | Wikipedia

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